Exposición Big Bang Data en Fundación Telefónica, en Madrid

De nuevo la Fundación Telefónica, sita en la calle Gran Vía esquina Fuencarral, en Madrid, nos sorprende con su oferta expositiva. Esta vez dedicada al Big Data, o sea, a los efectos y consecuencias de la acumulación masiva de información, fenómeno equivalente en el siglo XXI a lo que supuso para el siglo XX la distribución de electricidad. La cantidad de dispositivos y artefatos que captan, producen y transmiten datos se ha multiplicado de forma exponencial en los últimos 25 años. Al mismo tiempo, el coste de almacenar información digital ha disminuido enormemente. Resulta que la vasta infraestructura industrial que se despliega por todo el mundo para almacenar memorias, palabras, imágenes y sucesos hace uso de un 2% del consumo energético global.

Lo primero que presentan en la exposición, después del panel de bienvenida al Big Bang, es la proyección mural de imágenes de las naves y hangares donde se encuentran físicamente los servidores de los datacenters. Sabemos que estos sitios son el núcleo duro de la era bit y por eso se custodian con medidas extremas de seguridad, como si se tratara de bases subterráneas del servicio secreto. A continuación hay un gran mapa, impreso en el suelo, con la representación de todos los cables submarinos que regulan el flujo informativo entre continentes.

Inglaterra es el nodo principal de la conexión atlántica… ¿Significa esto que el GCHQ inglés podría monitorizar gran parte de las comunicaciones europeas transoceánicas? Dinamarca y los Países Bajos son los otros puntos de conexión directa con los Estados Unidos. España e Italia, e incluso Alemania, están poco cableadas hacia el mar. Me gusta, sin embargo, el cable color sepia llamado Columbus: desde o hacia el Caribe, se adentra en el Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar. Por cierto, aparte del Columbus, sólo hay otro cable, el que une Brasil con Portugal, que no pase por América del Norte. ¿Significa esto que la NSA podría monitorizar gran parte de las comunicaciones latinoamericanas transoceánicas? Abajo puedes ver la perspectiva atlántica…

En una vitrina, presentan todos los tipos de cable submarino que se han usado hasta el momento. Pueden parecer gruesos y rudimentarios a simple vista y en comparación con nuestras necesidades domésticas, pero al imaginar su odisea marina, en cómo nos conectan a través de las profundidaes abisales, nos hacemos conscientes de su fragilidad.

Los cables pertenecen a la Colección Telefónica. El primero, telegráfico, data de 1896 y el último, el número 12, de fibra óptica, de 1995. Las Islas Británicas quedaron unidas con el continente en 1850 a través del Canal de La Mancha. En 1866, se conectaron Europa y América y, en 1877, los cinco continentes. Para ello fue fundamental el descubrimiento de una resina natural totalmente aislante para el cobre interior. El primer cable submarino telefónico, entre Escocia y Canadá, no se tendió hasta 1956. Lo hizo posible la implementación de cables coaxiales, los cuales fueron sustituidos, finalmente, por los de fibra óptica, mucho más rápidos y capaces. Comprender que los bits necesitan esta infraestructura física para ser transmitidos y memorizados resulta crucial en nuestra época.

Los dispositivos de almacenamiento también se han hecho mucho más capaces. En los años 1950, las tarjetas perforadas podían almacenar 0,08 Mb de información; la cinta magnética, en los 60, 0,8 Mb, los diquetes de los 70, 1,2 Mb y, en los años 80, las cintas de casette llegaban a los 1,4 Mb. En los 90, los disquettes (¿te acuerdas?) memorizaban 1,4 Mb y los CD-ROM del año 2000, 700 Mb. Bueno, pues en el año 2010, un USB tenía capacidad para 16 Gb.  De hecho, el año 2002 supuso un punto de inflexión fascinante: por primera vez el mundo tenía más información almacenada en formato digital que en soportes analógicos. Y, en 2007, un rotundo 94% de toda la información del planeta estaba codificada digitalmente.

 

Por otra parte, los datos generados por redes de sensores en infraestructuras y tecnologías industriales, y también por los ciudadanos en las redes sociales, teléfonos móviles, transacciones con tarjeta de crédito y dispositivos GPS, son un filón. Tener acceso a más datos no es solo una cuestión de volumen; a partir de un umbral determinado, es posible hacer las cosas de otra manera. Las inmensas masas de información que producen las organizaciones científicas, empresariales y gubernamentales contienen grandes bolsas de conocimiento valioso que pueden ser capturadas si aprendemos a detectarlas, extraerlas y leerlas. Tras la explosión de datos se encuentran nuevas maneras de resolver problemas y plantear preguntas que ya están cambiando la forma de hacer ciencia, generando valor en la economía y pueden ser un elemento central para promover una democracia más participativa y una administración más eficaz. Sin embargo, también pueden caer en manos del Lado Oscuro y ser utilizados para instaurar un estado de vigilancia orwelliano sin precedentes. El acceso a los datos, el derecho a su uso y el valor que atesoran, son factores que se sitúan en el centro de múltiples conflictos contemporáneos; desde la lucha por la transparencia hasta las repercusiones políticas de las filtraciones de documentos secretos, pasando por la mercantlización de la intimidad que practican los gigantes de Silicon Valley.

La revolución de los datos masivos ha traído consigo un conjunto de nuevas metodologías y técnicas de analisis y gestión de la información, así como profesiones emergentes: del data scientist al analista de datos o el experto en visualización de la información. Otro espacio de la exposición estaba dedicado al uso práctico, social, económico o político de los datos. Los artistas Fernanda Viegas y Martin Watterberg han creado una obra llamada WindMap que consiste en la representación gráfica, en tiempo real, de las trazas de viento que sobrevuelan los EEUU. Los datos se extraen del National Digital Forecast Database y se actualizan cada hora. El movimiento visual del aire, así como el significado emocional de la obra, cambia constantemente, provocando sensaciones que pueden ir desde la calma a la inquietud. Otro artista, Aaron Koblin, también presentó una obra, Flight Patterns (2006) basada en la visualización de datos, en concreto, del tráfico aéreo de los Estados Unidos durante un periodo de 24 horas. La imagen (ver abajo) muestra el efecto acumulado de las rutas a lo largo de un día. Los distintos colores responden a los 573 tipos de aviones que sobrevolaron el país un día de agosto de 2010, con un total de 205.000 vuelos. Koblin utiliza los datos agregados para reflexionar sobre la vida y los sistemas humanos de una forma que no es sólo espectacular visualmente, sino que también examina la relación existente entre las personas y la tecnología.

En el siglo XIX ya se hacían mapas figurativos, como el de Charles Joseph Minard, que representa el número y el destino de los emigranttes de Europa, África, China y el Sudeste asiático en el año 1858. Minard relaciona el grueso de cada línea con la cantidad de emigrantes —un milímietro equivale a 1500 personas. También les superpone la cifra exacta de emigrantes y les añade un código de colores para facilitar la identificación de las nacionalidades que se desplazan. Minard se preocupa de poner juntas las líneas divergentes y separarlas después, para mostrar el flujo de inmigración desde los principales puertos. Por cierto, por aquel entonces, ¿de dónde venían y a dónde iban principalmente los inmigrantes? Es una pregunta retórica, obviamente.

Otra obra interesante es Stranger Visions, de Heather Dewey-Hagborg. Ver aquí.

Por último y, como no podía ser de otra manera, en la expo incluyen el famoso documental, titulado PRISM Whistlerblower, que hicieron Laura Poitras y Glenn Greenwald de su entrevista a Edward Snowden, el 6 de junio de 2013. Los periodistas hicieron pública la identidad del ex contratista de la NSA que había filtrado unos días antes unos documentos secretos sobre una serie de programas de vigilancia masiva. Snowden revelaba la intromisión de las autoridades estadounidenses en las vidas privadas de los ciudadanos con la complicidad de los gigantes de Internet, generando un debate encarnizado sobre libertades públicas y seguridad. Snowden, a día de hoy exiliado en Rusia, está en busca y captura, acusado de espionaje y robo de documentos gubernamentales. Poitras y Greenwald recibieron el Premio Pulitzer 2014 por su investigación.

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