A Propósito del Bello Museo Luisiana, en Dinamarca

El fundador de este precioso museo quería aplicar el método de la sauna a la exhibición y recepción del arte, mezclando artistas conocidos o calientes, con artistas emergentes o totalmente desconocidos para el gran público, o sea, fríos. Al combinar las ofertas de clásicos modernos y contemporáneos, los visitantes tenían la oportunidad de ver algo nuevo e inesperado. Knud W. Jensen fue el fundador del Museo Louisiana. Quería llevar el arte moderno al público danés, pero no sólo a las élites, sino a todo aquel que estuviera interesado. Y también quería que su museo tuviera alma…

El museo está situado a unos 30 kilómetros de Copenhague y, desde su playa, se puede ver la costa sueca al otro lado de la bahía. Los edificios, el jardín, las esculturas, las salas dedicadas al arte o el café, acompañan discretos al visitante para que no se enfríe ni se queme. Al franquear la entrada, no hay sospechas ni escáneres. La bonita zona infantil consta de tres plantas, dedicadas a todo tipo de expresiones y técnicas artísticas: el collage, la pintura, la performance, la apropiación, jaja, la construcción con piezas de Lego, el drama, etc.

En la primera sala, Hans Peter Feldmann, un artista considerado conceptual, da la bienvenida al visitante con las obras de la imagen principal, en la que  los retratados aparecen con las típicas narices de payaso. En la segunda imagen, Álvaro  ofrece su propia interpretación. Feldamnn también es capaz de colgar un cuadro mirando hacia la pared de manera que sólo muestra el bastidor y la arpillera, o presenta un desnudo tipo Maja de Goya pero le pintarrajea el rostro con un brochazo o a una Venus le pone un rectángulo negro en los ojos, como esos que pretenden preservar la anonimia. La idea del artista consiste en liberar las imágenes de su historicismo y contexto sociocultural.

La segunda exposición la firmaba Richard Mosse, que ha fotografiado la guerra en la República Democrática del Congo con una cámara preparada para la vigilancia militar. Lo que hace es capturar el espectro infrarrojo y todo lo que es verde se torna rosa. La fotografía que resulta es abrumadoramente hiperestética pero su descarnado tema bélico crea un conflicto en la mente del espectador. Está claro que es un enfoque mucho más artístico que el ambiguo y tantas veces mediocre periodismo y, sin embargo… Además de fotos exponía también un vídeo estremecedor en el que recorre los bosques y carreteras y campos de refugiados con la cámara al hombro y que ha sido proyectado en distintas pantallas que cuelgan fantasmagóricas y diagonales en una oscura sala mientras los espectadores nos acuclillamos contra la pared de terciopelo.