Réquiem por el Espacio Naranjo: Burócratas Precintan Utopía

El Espacio Naranjo cerró el día 2 de junio de 2015. Le faltaba la licencia que le permitiera dedicarse a la difusión cultural; sólo podía funcionar, estrictamente, como taller de pintura. La utopía consistía en una comunidad de artistas, escritores, fotógrafos, músicos, actores y demás terrícolas que habían decidido compartir su forma de vivir, que no su way of life, nótese, en este local, un antiguo garage o almacén de 250 metros cuadrados, sufragado por ellos mismos. De su bolsillo. O sea, independiente. O sea, autónomo. Un espacio dedicado a la producción y promoción artística ‘sin ánimo de lucro’, ‘no comercial’, es decir, dedicado al arte que no está en venta. Pues lo han precintado después de ocho años en Tetuán, uno de los barrios populares (qué palabro) de Madrid. Constaba de siete estudios individuales y una zona o sala de eventos, exposiciones, talleres, festivales, conferencias. Una ciudad alfa como Madrid tendría que estar sembrada de antros así.

Como espacio, el Espacio Naranjo era más que sencillo, más que modesto. A ver, desde el punto de vista de los asistentes a la inauguración de una exposición de arte que está en venta donde se ofrecen canapés de anchoa y champán, era cutre. Pero como energía… era atómico cuántico. Porque pasaban cosas, se tejían redes, se bailaba, se fluía. El tipo de cosas que encienden el fuego creativo, luz de bohemia, pálpito redentor de una ciudad. Por ejemplo, en el encuentro de edición del día 26 de abril del año 2015 titulado Otros Libros y Eso, participaban diletantes y poetas, disc jockeys, gente guay e incluso hipsters. El obrador de encuadernación DIWO organizó un atelier de encuadernado japonés, el cual se hace con un punzón, y el cordel que ata el libro embellece la portada por fuera. La música, súper especial, electrónica y mítica, estaba seleccionada y mezclada por el DJ Ionescu. Otros Libros y Eso se presentaba así:

«Si el libro es un mediador del mundo y trabaja en la circulación de los significados, en términos de sonidos por oir y espacios visuales compuestos, el libro es un selektor de secuencias…».

En Otros Libros y Eso se planteaban el hecho de que si todos sabemos hacer libros, entonces pasa que los libros dejan de ser sagrados en el sentido de idolatría y jerarquía y control y surgen nuevos tipos de libro, o sea, libros de todo tipo. Y allí, entre sillones destartalados y mesas de conglomerado con caballete, alguna alfombra raída y luz flúor, se podían leer y palpar proyectos editoriales que son íntimos, que son raros, que son frágiles pero que son arte nuevo: Ediciones Bizarras, desde Guatemala; Colección Diminutos Salvamentos, de Madrid; Vacaciones en Polonia, de Granada; Cuadernos Infames, Cartonera y Diente, desde Berlín; Milena Olissipo, de Lisboa; o Proyecto VOX, desde Buenos Aires.

Y al caer la noche, los poetas recitaron y unos pocos presentes nos estremecimos en silencio. Porque en estos tiempos de interfaz, tiempos simulados, tiempos de cápsula, de telaraña, la presencia y el viento de las voces, las palabras celestes o rígidas o en susurro o rotas, las miradas gatunas y el algo que decir, la sensación real y rebelde del aquí y ahora, son causa de metáforas, del ruido y la furia, de aumento de la temperatura y, por tanto, de reducción de la entropía sideral.